FUTURO DE LOS CONGRESOS CONJUNTOS AEM - GRUPO ESPECIALIZADO EN MICOLOGIA DE LA SEMOpinión en contra de continuar con los Congresos conjuntos Bajo mi punto de vista, la relación actual entre la Asociación Española de Micología (AEM) y el Grupo Especializado de Micología de la Sociedad Española de Microbiología (SEM) se parece más a la de una pareja que con el paso de los años, y fruto de la maduración individual e independiente de cada uno de los miembros de ésta, ha perdido la ilusión de compartir metas y objetivos que a la de una pareja capaz de aceptar las diferencias naturales de cada uno y de enriquecerse día a día mutuamente gracias a estas mismas variedades. Esa relación cansina y rutinaria, que en nuestro caso sólo se manifiesta externamente cada dos años mientras se celebra el Congreso Nacional de Micología, es la manifestación más evidente de cómo el paso del tiempo castiga a toda relación basada en unos principios, puramente interesados, de carácter social o apoyo mutuo circunstancial y que rara vez se ha manifestado un claro interés por el desarrollo e inquietudes de la otra parte. Dicen que el tiempo todo lo pone en su lugar y, a la vista de como se han desarrollado los acontecimientos, cabría apuntillar que las sociedades científicas tampoco se libran de esta sentencia. Para ilustrar esta realidad no hay nada más que reflexionar sobre lo que ocurre cuando, cada dos años, compartimos techo, mesa y mantel; en otras palabras, cuando celebramos uno de nuestros Congresos Nacionales de Micología. Aparte del protocolario contacto entre ambos grupos, no existe interés palpable por las aportaciones científicas presentadas por la otra parte (ni en mesas redondas ni en pósters); cada uno va a lo suyo y los contactos se limitan a los casi obligados saludos en pasillos y vestíbulos. Ni siquiera en los almuerzos de trabajo y en otros actos sociales, que podrían ser un escenario ideal para ello, hay comunicación entre ambas partes; cada uno elige de compañeros de mesa a sus amigos o colegas que, invariablemente, se encuentran en el mismo “bando”. En definitiva, esta situación no es más que el reflejo de lo que ha ocurrido en todas las disciplinas científicas en los últimos 30 años: la súper-especialización. Las áreas del saber se han multiplicado enormemente, diversificándose entre ellas y lo que en un principio podría constituir un núcleo común se ha transformado en múltiples y muy concretos aspectos de la Ciencia. Por lo que no es de extrañar que en nuestros congresos caminemos por sendas tan diferentes unos y otros: nos comportamos tal y como lo hacemos el resto del año. Es más, incluso tenemos publicaciones periódicas diferentes en las que rara vez se encuentra un trabajo procedente de la otra “orilla”. Desgraciadamente en los congresos no se aprecia ningún cambio de actitud: somos diferentes y así nos comportamos. Lo ocurrido en las últimas ediciones corrobora esta apreciación: a las sesiones organizadas por la SEM acudieron de forma mayoritaria sólo sus miembros, lo mismo pudo observarse en las sesiones de la AEM; con el agravante de que cuando es la AEM la invitada al congreso, el trato recibido de la parte organizadora (tanto a sus sesiones, como a sus ponentes) no se corresponde con el ofrecido por nuestra Asociación cuando es la organizadora del congreso. Por tanto, si cada uno va con los suyos ¿qué sentido tiene seguir reuniéndonos juntos cuando lo podríamos hacer mucho mejor, al menos la AEM, por separado? Desde mi experiencia, como organizador del último Congreso Nacional de Micología, considero que la propia AEM tiene entidad y masa social suficiente como para organizar su propio congreso cada dos años sin necesidad de compartir el escenario con ninguna otra Sociedad. De esta forma, la oferta científica del congreso sería mucho más uniforme y lineal, sin necesidad de duplicar salas y de elegir entre sesiones simultáneas. Este hecho facilitaría enormemente las futuras organizaciones de los próximos congresos y, al abaratar de forma notable sus costes, podrían ofrecerse unas cuotas de inscripción todavía más económicas, al alcance de becarios y residentes. Es hora, por lo tanto, de aplicar el sentido común y acabar con este matrimonio de conveniencia que ni motiva ni ilusiona y que se puede convertir en un verdadero lastre para el desarrollo de la AEM como sociedad científica adulta e independiente. Javier Pemán Participa en este debate enviando tu opinión a la Secretaría de la AEM |